Massa: un guiño al trabajo y dos al capital

A raíz de la aceleración de la inflación y el inicio de las paritarias, en el heterogéneo Frente Renovador de Sergio Massa se sucedieron los guiños –de signo ideológico inverso- tanto para los sindicatos como para el empresariado. Las contradicciones y contramarchas expusieron internas y generaron duras críticas de parte del moyanismo.

«Siento asco por los dirigentes massistas que quieren bajar los salarios», bramó el líder camionero de la CGT opositora, Pablo Moyano, contra la propuesta del diputado del Frente Renovador Felipe Solá de reducir 10% los sueldos para que el Gobierno destine ese dinero a inversiones y obras públicas.

Y el cegetista aprovechó para despegar al moyanismo del espacio liderado por Sergio Massa, a pesar de los coqueteos y reuniones previas. «No tengo nada que ver con Sergio Massa. Rechazo la idea de bajar los sueldos», afirmó el hijo de Hugo Moyano.

Solá había dicho que “hay gente que, ante el temor de una ola de despedidos, a lo mejor hasta está dispuesta a que le bajen un poco el salario».

Sin embargo, el hermano de Pablo, Facundo Moyano Secretario General del Sindicato Único de Trabajadores de Peajes y Afines (SUTPA) salió en defensa de la propuesta de Solá. “En un contexto donde el sindicalismo esté integrado, donde todos los sectores importantes más dinámicos de la economía estén integrados, a un plan estratégico, que es lo que faltó durante todos estos años, por mínimo estos tres años, yo puedo decir en vez de un 30, negocio un 24 y resigno algo”, opinó.

Y en plena contradicción con los dichos de Pablo, Facundo confirmó su pase al massismo: “Tengo una muy buena relación con Sergio Massa de amistad, y pienso seguir trabajando para poder proponer una alternativa de cara al 2015”.

En la campaña legislativa de 2013, la que marcó la irrupción nacional del Frente Renovador y la consagración de Massa como un posible presidenciable, el ex intendente de Tigre había intentado plantear desde sus listas una especie de concertación multisectorial.

Así, además de un coqueteo político con el moyanismo, la boleta del Frente estaba integrada por un connotado empresario -José Ignacio de Mendiguren, ex titular de la UIA– y por dos dirigentes sindicales: el secretario general de los trabajadores de la sanidad (ATSA), Héctor Daer, hasta ese momento enrolado en la CGT oficialista; y Fabián Alessandrini, delegado de ATE por Zona norte y dirigente de la CTA de Hugo Yasky, quien rechazó la candidatura.

Pasadas las elecciones, los intereses en pugna no tardaron en manifestarse y colisionar en el seno mismo del espacio massista.

De Mendiguren tuvo que rectificarse, después de la fuerte polémica que había generado su pedido de postergar las negociaciones paritarias de este año «hasta que se estabilicen las variables de la economía».

Las propuestas de Solá y De Mendiguren generaron un fuerte repudio del líder de la CGT oficial, Antonio Caló, pero también de varios dirigentes del propio Frente massista.

La jefa del bloque de diputados del Frente, Graciela Camaño, esposa del gremialista Luis Barrionuevo, anticipó que dejaría el bloque si esa idea avanza.

Incluso el propio Massa, intentando la carambola de cuestionar al gobierno y a la vez mostrarse sensible ante la realidad de los trabajadores, había afirmado que «la inflación se come los bolsillos de los trabajadores».

Así, el pacto policlasista que prometía el massismo mostró sus fisuras ante el inicio de las primeras paritarias nacionales.